domingo, 20 de septiembre de 2009

Anoche volví a Salamanca

Hoy volví a Salamanca.

Nadie me avisó, nadie me lo pidió, ni siquiera yo mismo estaba al tanto de que iba a volver.

De repente, como un viaje en el tiempo, me encuentro caminando por la estrecha acera de la calle de Serranos hacia la plaza de la Merced. Un poco aturdido aún, reordeno mis pensamientos rápidamente; no me resulta difícil, he bajado miles de veces por aquí bajo la sombra de las viejas casas hoy convertidas en reclamo para nuevos turistas; no importa, para mi seguirán siendo las mismas casas que me vieron pasar aletargado tantas mañanas de mi juventud.

En pocos segundos me he hecho una composición de lugar. Ya sé que hago aquí, ya sé donde voy, ya sé que voy a verla. Uf! Hace muchos años que no nos vemos, pero no dudo de que se acordará de mi como yo me acuerdo de ella; es inevitable, el buen vino siempre deja poso.

Según me acerco a la facultad empiezo a ver conocidos. Cada vez hay más, está claro que hay una celebración, probablemente un aniversario para recordar el tiempo pasado. Saludos ligeros y un poco de extrañeza; de mis más allegados no hay nadie. No le doy mayor importancia aunque esta situación le coloca a ella en una posición aún más predominante respecto a todos los demás.

Entro en el hall de la facultad y todo está como siempre, parece que no ha pasado el tiempo. Giro a la derecha y recorro ese pasillo que conozco con los ojos cerrados. Al fondo giro a la izquierda y subo hasta el último piso. No sé por qué he subido a Genética, seguro que tiene clase aquí y ahora. Creo que pasa poco tiempo, tan poco que supone un ligero movimiento de manecilla de reloj pero que en mi interior dura una eternidad. Aparece ella, igual que siempre, exactamente igual, nada ha cambiado. Me ve e intuyo que se alegra. Se acerca a mi y yo a ella, nos saludamos de una manera cordial pero que no llamaría la atención a nadie de los que están por allí, que supongo son sus alumnos. Cruzamos palabras, cruzamos miradas y parece que nunca pasó el tiempo, es como si hubiésemos guardado todo este tiempo en una caja y la separación de todos estos años no provocase ningún efecto distanciador.

Los alumnos van entrando en el aula y quedamos cada vez menos personas en el hall. Quedamos para después, cuando haya terminado sus obligaciones, tenemos mucho que contarnos. Estamos uno enfrente del otro, muy cerca. Me acerco y la beso. No puedo evitarlo. Ella me devuelve el beso, más largo, más rico, más salado, como el mar. Me ha dicho todo lo que me tenía que decir. Se va al interior del aula y yo me quedo encantado de la vida, con ríos de serotonina corriendo por mi sangre.

Me marcho a pasear. Se me va a hacer más larga la espera que incluso antes de verla. Veo a más conocidos, se van agrupando para un evento. ¿Llegará a tiempo ella para estar conmigo?


Ha sido un sueño! Intento volver a dormir y continuar con el sueño. Entro y salgo del mundo onírico varias veces, quizás en pocos segundos. No sé donde prefiero estar.

Y tú......¿dónde prefieres estar?

No hay comentarios: