martes, 25 de enero de 2011

Cuando la linea busca cerrar el círculo

Estoy triste.

Son sólo 2 palabras, ¡pero cuánto sentimiento pueden llegar a encerrar!

No es una tristeza debida a hechos concretos, a que me haya ocurrido algo, que me haya fallado algo o haya tenido una discusión. No, nada de eso, ha sido un día ordinario dentro de lo poco ordinarios que pueden ser mis días. Noto que mi tristeza viene de dentro, y emerge hoy como podría hacerlo cualquier otro día sin ningún motivo aparente. Y eso es lo que más me preocupa, no el estar triste en sí, que puede llegar a ser incluso positivo, sino el estar triste y no saber su origen.

Llevo días dando vueltas al asunto y encuentro indicios de lo que me ocurre. F siempre me ha dicho que cuando me enfado realmente no lo hago con las personas, sino con mi desacuerdo sobre el funcionamiento del mundo. Y tiene razón. Me gustaría que la vida fuese distinta a lo que es, soy tremendamente inconformista y eso me provoca grandes frustraciones que termina pagando mi entorno. El tipo de vida que puede resultar satisfactoria para el 99% de las personas, para mi no lo es, necesito más y necesito menos. Necesito más sensaciones, menos convencionalismos, más mentes abiertas a mi alrededor, más locura compartida, menos compromisos establecidos. Necesito «más querer» y «menos poder».

Y todo lo anteriormente descrito enlaza con un ciclo temporal que creo que me ocurre y dura 11 años. No es ni lugar ni momento para mostrar mis trapos sucios, pero se puede resumir en que mis baterías parecen durar esos 11 años, y que los cambios de ciclo importantes que he tenido fueron en 1989 y 2000, donde ocurrieron cambios mentales y de relaciones personales muy importantes. Y todo apunta a que los síntomas que noto son los correspondientes al cierre del círculo que comenzó hace 11 años. Noto sensaciones que recuerdo que las viví, incluso he reproducido similares conversaciones a las mantenidas entonces.

Quizás el vinilo de mi vida está rallado y reproduce siempre la misma canción de los 11 años. O quizás puedo luchar por romper este convencionalismo que yo mismo me he creado.

sábado, 21 de agosto de 2010

Esta mañana soñé

Esta mañana soñé,
tenía los ojos abiertos y soñé,
el sol estaba en lo alto y soñé,
y te vi.

Soñé que planeábamos el viaje
tan juntos que la distancia entre nosotros no se apreciaba.
Soñé que imaginábamos cada momento
con tanta ilusión,
que era capaz de saborear
cada minuto que íbamos a compartir.
Cada minuto de ese tiempo que te entrego
como fianza para deleitarme con cada instante que me regalas.

Soñé que preparaba mi equipaje
como aquel aventurero
que desea recorrer ese territorio desconocido
y que adivina que nunca volverá a su viejo hogar,
al menos siendo como era.

¡Mi equipaje! ¡Para tan largo viaje
no necesito apenas nada!
Y lo que necesito lo llevo
dentro de mi,
sin necesidad de ser mostrado en aduanas.

Soñé que me volvía loco
preparando regalos para ti,
deseando que al verlos
el brillo de tus ojos me iluminase
y tu sonrisa me alimentase el alma.

Soñé que llegaba el día de partir
y el tiempo pasaba demasiado despacio
para mi corazón
y demasiado rápido
para mis nervios.

Soñé que volaba,
y pasaban las horas nerviosas
mientras el sol se escondía por el horizonte.
La aurora boreal me volvió a recibir
como una vieja conocida
que espera y celebra que vuelvas a su reino.

Soñé que las luces de Keflavik
eran el preludio de un nacimiento
y el aterrizaje los primeros pasos
de un bebé que crecerá sano y fuerte.

Te vi, no lo soñé,
me estabas esperando allí,
tan preciosa y radiante
que me sentía premiado
por conocerte.

Te abracé y mi cuerpo se derritió como la cera,
mis discursos tan preparados se desvanecieron
y tu mirada se convirtió en el alimento más maravilloso
que jamás había alimentado a mi alma.

Me desperté
y te desvaneciste de repente.
No importa, sé que volveré a soñar,
sé que volveré a verte,
sé que seguirás insuflando el aire que respiro cada día.

Y sé que conseguiré crear la poción mágica
que consiga que sueños y realidad sean lo mismo.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Anoche volví a Salamanca

Hoy volví a Salamanca.

Nadie me avisó, nadie me lo pidió, ni siquiera yo mismo estaba al tanto de que iba a volver.

De repente, como un viaje en el tiempo, me encuentro caminando por la estrecha acera de la calle de Serranos hacia la plaza de la Merced. Un poco aturdido aún, reordeno mis pensamientos rápidamente; no me resulta difícil, he bajado miles de veces por aquí bajo la sombra de las viejas casas hoy convertidas en reclamo para nuevos turistas; no importa, para mi seguirán siendo las mismas casas que me vieron pasar aletargado tantas mañanas de mi juventud.

En pocos segundos me he hecho una composición de lugar. Ya sé que hago aquí, ya sé donde voy, ya sé que voy a verla. Uf! Hace muchos años que no nos vemos, pero no dudo de que se acordará de mi como yo me acuerdo de ella; es inevitable, el buen vino siempre deja poso.

Según me acerco a la facultad empiezo a ver conocidos. Cada vez hay más, está claro que hay una celebración, probablemente un aniversario para recordar el tiempo pasado. Saludos ligeros y un poco de extrañeza; de mis más allegados no hay nadie. No le doy mayor importancia aunque esta situación le coloca a ella en una posición aún más predominante respecto a todos los demás.

Entro en el hall de la facultad y todo está como siempre, parece que no ha pasado el tiempo. Giro a la derecha y recorro ese pasillo que conozco con los ojos cerrados. Al fondo giro a la izquierda y subo hasta el último piso. No sé por qué he subido a Genética, seguro que tiene clase aquí y ahora. Creo que pasa poco tiempo, tan poco que supone un ligero movimiento de manecilla de reloj pero que en mi interior dura una eternidad. Aparece ella, igual que siempre, exactamente igual, nada ha cambiado. Me ve e intuyo que se alegra. Se acerca a mi y yo a ella, nos saludamos de una manera cordial pero que no llamaría la atención a nadie de los que están por allí, que supongo son sus alumnos. Cruzamos palabras, cruzamos miradas y parece que nunca pasó el tiempo, es como si hubiésemos guardado todo este tiempo en una caja y la separación de todos estos años no provocase ningún efecto distanciador.

Los alumnos van entrando en el aula y quedamos cada vez menos personas en el hall. Quedamos para después, cuando haya terminado sus obligaciones, tenemos mucho que contarnos. Estamos uno enfrente del otro, muy cerca. Me acerco y la beso. No puedo evitarlo. Ella me devuelve el beso, más largo, más rico, más salado, como el mar. Me ha dicho todo lo que me tenía que decir. Se va al interior del aula y yo me quedo encantado de la vida, con ríos de serotonina corriendo por mi sangre.

Me marcho a pasear. Se me va a hacer más larga la espera que incluso antes de verla. Veo a más conocidos, se van agrupando para un evento. ¿Llegará a tiempo ella para estar conmigo?


Ha sido un sueño! Intento volver a dormir y continuar con el sueño. Entro y salgo del mundo onírico varias veces, quizás en pocos segundos. No sé donde prefiero estar.

Y tú......¿dónde prefieres estar?

martes, 7 de octubre de 2008

Cosas que llaman la atencion de Islandia

Tras mis 2 viajes (por ahora) a Islandia tengo un buen número de curiosidades, elementos rutinarios y demás que me han llamado la atención y que, todos ellos juntos, ayudan a definir, caracterizar y entender un país. Son esas cosas que ves todos los días y te parecen normales hasta que te marchas a otro lugar distinto. Algunas son (ordenados por un criterio simplemente de lo que me viene a la cabeza primero):

- Carreteras: Lo que en España llamamos autovía sólo existe en la periferia de Reykjavik. El resto son carreteras de doble sentido. Si coges un buen mapa de carreteras de Islandia podrás ver TODAS las carreteras y caminos de la isla; sí, todos los caminos por donde puede llegar a circular un vehículo con ruedas; de hecho, esos caminos tienen codificación igual que cualquier carretera. Eso es impensable en España ya no para un mapa regional sino incluso para un mapa provincial.

- Carreteras (II): hay muchas carreteras tipo pista; una vez les coges el tranquillo, puedes ir relativamente rápido por ellas (al menos en época de buen tiempo). Los pivotes amarillos a los lados de las carreteras son unos buenos compañeros. También me llaman la atención los puentes metálicos de un solo carril, especialmente en el sur de la isla.

- Los cambios bruscos de tiempo son totalmente ciertos, afortunadamente no siempre para empeorar, sino también para encontrar un fantástico momento soleado.

- Los colores del paisaje. Definitivamente debería hablarse del color verde Islandia, porque es distinto a otros verdes. Todavía no me explico porque la bandera islandesa no se basa en los colores predominantes de Islandia: blanco (nieve/hielo), verde y negro (lava/rocas).

- Soledad: ¡Qué fácil es encontrar la soledad en Islandia! tanto viajando por sus carreteras y pueblos como paseando por las generalmente tranquilas calles de Reykjavik; es algo que no tiene precio. Eso sí, si buscas movida es muy fácil encontrarla.

- Agua: por todos los lados, en cantidades tremendas discurriendo por doquier. Pienso en lo bien que vendría una ínfima parte de ese agua en España y veo lo mal distribuídos que están los recursos.

- Las construcciones en madera y chapado en metal.

- Los adornos que colocan los islandeses en las ventanas de sus casas, especialmente colocados más pensando en el exterior que en el interior.

- Las gasolineras-tiendas-centro de vida.

- Las cadenas Fosshotel y Edda.

- Los coches Toyota por todos los lados; los 4x4 con ruedas enormes.

- El musgo y líquenes cubriendo las rocas.

- Los atardeceres eternos (al menos al final del verano).

Y muchos más que incorporaré en otras entradas.

domingo, 5 de octubre de 2008

En Islandia

He visto la aurora boreal.

Ya es suficiente para que el viaje haya valido la pena. Subiendo desde Londres a Reykjavik, sentado en la parte de estribor observé una luminosidad extraña en lo que yo intuía el límite entre océano y cielo (eran las 8 de una noche oscura). ¡Qué extraño!, me pregunté, «luminosidad por el este cuando se ha metido el sol por el oeste, serán cosas de la latitud!». Al cabo de un rato y de una cabezadita, me asomé de nuevo por la ventanilla, observando la luminosidad mucho más alta en el horizonte, en forma de franja y de un color verde tan intenso que no se me olvidará en la vida. No tuve ninguna duda: era una aurora boreal y, más que emoción, una inmensa alegría me llenó.
Esperaba ver alguna vez en mi vida una aurora boreal, pero no me esperaba verla desde el cielo. Os llame la atención o no, apuntadlo, es una experiencia extraordinaria que, si se puede, vale la pena vivir.

lunes, 29 de septiembre de 2008

A punto de irme a Islandia (II)

Pues el viaje ya está en marcha.
He reservado todos los aviones y algún hotel. Es increíble como pueden cambiar los precios en poco tiempo. Del sábado a hoy los vuelos me cuestan unos 25 € más; sin embargo, el mismo hotel Cabin en que estuve hace mes y medio ahora sólo cuesta 38 € (entonces rondaba los 90-100 €).
Mañana intentaré reservar el coche de alquiler para 4 días y hotel para los días que no estoy en Reykjavik, que no tengo muy claro dónde dormir con la excepción del día 6 en Höfn, punto más lejano donde iré en este viaje.
Estoy entusiasmado y acojonado. Me estoy leyendo un libro donde dicen que hay cosas que uno "desea" y cosas que uno "realmente desea", con las que uno realmente se compromete y te pueden cambiar la vida. Pues bien, en este viaje quiero comprobar si Islandia, su vida, su gente es lo que "realmente deseo". Después de este viaje continuará mi tormenta mental, pero por lo menos espero aclarar si sólo "deseaba" Islandia o quería algo más.

La foto es de un atardecer en Krafla, un sitio que hay que ver pues la fotos no son capaces de mostrar su magnitud ni el impacto que suele provocar en la gente que lo visita.



domingo, 28 de septiembre de 2008

A punto de irme a Islandia

Mañana es el día X.

Usaré en el trabajo la estrategia que siempre me ha funcionado: dar por hechas las cosas. Informaré que la semana que viene no estoy, que me quedan muchas vacaciones pendientes y adiós muy buenas. Sin pedir permisos ni nada, al estilo "dejadme en paz, yo me se autogestionar". Esperemos que me funcione esta técnica muchos años.
Tan pronto informe, corriendo a comprar los billetes de avión. Afortunadamente es una época que ya no hay mucho movimiento hacia Islandia, así que espero no tener problemas (al menos hoy había disponibilidad en todos los vuelos). Mi ruta:
Valladolid -> Londres Stansted -> Reykjavik y la vuelta Reykjavik -> Londres Stansted -> Santander. Es lo más barato y rápido que he encontrado. La opción de irme hasta Alicante cruzando media España y coger el vuelo directo era más cara y, sobre todo, mucho más pesada.


Bienvenidos

Comienzo este blog.

Realmente lo que deseo es escribir una novela. Cíclicamente me da el ansia de escribir y creo que me está empezando ahora, aunque habitualmente me suele ocurrir en época de vacaciones, cuando tengo la mente relajada. ¿Eso significa que estoy relajado ahora, al principio del otoño? Para nada, todo lo contrario, por lo que creo que la motivación que me impulsa a escribir ahora es distinta a la de ocasiones anteriores.

Y yo sí se que motivación tengo ahora. Vamos a ir desgranándolo poco a poco.